Caja de zapatos

Era tan pequeña que recién nacida cabía en una caja de zapatos.

Mis hermanos creían que yo era una bebé de plástico y me metían en la caja de cartón y casi que puedo imaginar que pudieron poner la tapa y olvidarse de mí. No lo hicieron, sigo viva. Pero son las cajas de zapatos una constante en mi vida: unas para que yo pudiera dormir a mis propias muñecas barbies, otras para guardar las cartas de la adolescencia, algunas más, casualmente, para guardar zapatos favoritos y otras tantas para contener mi vida en las mudanzas. A día de hoy tengo una caja de zapatos para guardar la escasa herramienta del hogar y otra para guardar rompecabezas.

Pero si hablo ahora de caja de zapatos es porque traté de buscar el símil del famoso cajón de sastre donde cabe de todo un poco. Una caja en la que pueda guardar ideas, libros, canciones, recuerdos, recordatorios.

Esta es mi caja de zapatos y empezamos a llenarla hoy.

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