Si no lloras no mamas

No soy un monstruo, soy una madre

Como ya lo conversamos en nuestra primera sesión online, la maternidad, como tal la conocemos ahora, sostiene al Estado, porque el Estado se basa en la familia para existir, con todo y lo que estas contradicciones pueden conllevar dentro de nuestras propias vidas.

Cuando pienso en maternidad, pienso en el personaje de Ruth Fisher de la serie de televisión Six Feet Under, cuando le dice a su nuera, que no existe nada más solitario que la maternidad y le cuenta cómo, a pesar de que tenía esposo, tuvo que enfrentarse a ese bebé ella sola, sin ayuda. Y cómo, con el paso del tiempo, sus condiciones, hacen que su hija menor se pregunte si tiene que “hacer su propia” vida o quedarse a cuidarla. Pero también pienso en Tamara y la Catarina y los cuestionamientos de quién puede y quién no puede ser madre y la forma en que involuntariamente nos volvemos madres de las mujeres que se vuelven madres.

*Ya hablaremos de la paternidad.

Hay tantas maternidades como mujeres con hijos e hijas existen. Y si bien es cierto que reproducimos lo que tenemos aprendido y lo que socialmente se nos dice cuál es el rol de las madres que debemos representar; cada una de las mujeres que somos madres creamos un entorno único y particular de nuestra experiencia materna porque en nuestro propio camino queremos dar lo mejor que tenemos y confrontamos lo que no queremos repetir. Pasa, y las madres de adultos lo saben mejor que nadie, que ese saber educar y amar, será confrontado por los propios hijos. Y digo, hijos, porque es, desde mi punto de vista, el patriarcado que vive en cada una de nosotras, la que cuestiona lo que está y no está bien.

No soy defensora de las madres, al contrario, me confrontan porque yo misma lo soy. A veces también las juzgo. Pero si alguna he dejado de nombrarme feminista es justamente porque son las madres, las que cuidan, las que están inmersas en ese mundo de los cuidados y los trabajos domésticos las que no salen a tomar los espacios públicos. ¿Cómo van a salir a exigir lo que les corresponde si el Estado mismo ha configurado a la familia para que ellas, no puedan salir? ¿Quién lavará los platos y tendrá la comida lista si las mujeres salen a marchar o hacen huelga? ¿Quién pagará las cuentas si son las madres las que más sacrificios profesionales hacen y por ende reciben los peores salarios? ¿Por qué somos juzgadas tan duramente y tan relegadas dentro de las peticiones políticas?

He aquí mi crítica a los feminismos: si las mujeres que buscan representación dentro del espacio público, lugares en los puestos de toma de decisiones, si piden igualdad de salarios, de derechos y de condiciones, etc. ¿Por qué no son capaces de pensar en las necesidades de las maternidades? ¿Quién, sino las madres, son las que están sosteniendo a ese Estado al que ellas están exigiendo? ¿Quiénes, sino las madres, son las que están poniendo los cuerpos?

Hablemos de esto.

Para esta segunda sesión, me gustaría que leyeran y escribieran sus textos creativos teniendo en cuenta las siguientes preguntas:

¿Mi casa es una familia? (¿quién cuida, quién delega, quién me gustaría que me
cuidara, quién desearía que dejara de cuidar?)
¿Nacimos para ser cuidadas? (Cuerpo-emociones-intelectualidad).

Les dejo una breve lista de materiales que pueden ayudarnos a la discusión del sábado 13 de junio.

Canción: Welcome home, Radical Face.

Poema: Principia de Elisa Díaz Castelo.

Película: Mommy.

Libro: Cuarentena a toda madre. Diario colectivo de mujeres aisladas.

Lo que de verdad quería decir era que un monstruo no es algo tan terrible. Viene de la raíz latina monstrum, mensajero divino de la catástrofe, luego fue adaptado por el francés antiguo para referirse a un animal de una miríada de orígenes: centauro, grifo, sátiro. Ser un monstruo es ser una señal híbrida, un faro: a un tiempo refugio y advertencia.

Ocean Vuong. En la tierra somos fugazmente grandiosos. Anagrama, 2019.


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